PROGRAMA
147 – LUZ DEL ALMA
EMITIDO
EL 4 DE JUNIO DE 2026
Te dejamos aquí el link del audio, dado que lo que se dice en vivo está enriquecido por las experiencias de las conductoras, por los mensajes de los oyentes y los testimonios de los invitados. Escuchalo por YouTube en:
https://youtube.com/live/nYySCIQ-OPs
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RESUMEN
DEL TEMA: EL MUNDIAL DE FUTBOL AL DIVÁN
¿Qué ocurre en nuestra mente cuando un país entero
late al mismo ritmo?
pocas cosas consiguen activar con tanta intensidad
nuestro sentido de pertenencia, nuestras emociones colectivas y esa necesidad
profundamente humana de formar parte de una tribu.
Cada cuatro años ocurre algo extraordinario. Miles
de millones de personas, repartidas por continentes, culturas, idiomas y
sistemas políticos completamente distintos, empiezan a mirar en la misma
dirección. Las calles se llenan de banderas. Las conversaciones cambian. Los
horarios se reorganizan. Personas que apenas siguen el fútbol durante el resto
del año se descubren pendientes de alineaciones, resultados y penaltis.
Desde la psicología, un Mundial nunca ha sido
únicamente fútbol. Es un fenómeno social masivo que activa algunos de los
mecanismos más profundos de la mente humana: identidad, pertenencia,
tribalismo, cooperación, emoción colectiva y necesidad de significado
compartido.
Perder o ganar puede hacer llorar a muchas personas
mostrando que es un fenómeno psico-emocional relacionado con apegos, recuerdos,
rituales grupales y hasta cábalas para la buena fortuna.
LA
CAMISETA EN EL CORAZÓN
Como siempre decimos somos seres sociales y nuestra
identidad se co- construye junto a otros. En este punto la Psicología social
nos aporta la Teoría de la Identidad Social que dice que una parte importante
de quienes somos proviene de los grupos a los que pertenecemos. No construimos
nuestra identidad únicamente a partir de rasgos individuales. También lo
hacemos a través de categorías colectivas: familia, ciudad, profesión,
ideología, cultura o nación.
Que recuerdos compartidos tenes respecto del futbol,
de tu cuadro favorito o de los mundiales? Que rituales o cabalas compartidas
con tus amigos o familiares?
Cada 4 años y durante el mundial de futbol se activa
esta identidad compartida, un sentimiento descontrolado. Hay apego claro que
sí, pero como todo puede ser un apego constructivo o destructivo.
Es un mecanismo profundamente antiguo. Los seres
humanos evolucionamos en grupos donde la supervivencia dependía de la
cooperación colectiva. Identificarnos con una tribu aumentaba nuestras
probabilidades de vivir. Y aunque hoy ya no cazamos mamuts ni defendemos
territorios con lanzas, el cerebro sigue respondiendo con una intensidad
sorprendente a cualquier experiencia que reactive esa sensación de pertenencia.
La frontera entre individuo y grupo se vuelve más
difusa. El éxito del equipo se siente como éxito personal. La derrota también.
FANÁTICO
YO?
¿Tu humor de toda la semana depende directamente del
resultado del domingo?¿Has cancelado compromisos familiares, de pareja o
laborales importantes por ver un partido?¿Reaccionas con ira, gritos o
violencia verbal hacia tu entorno cuando tu equipo pierde?
La codependencia emocional con un club de fútbol se
da cuando la identidad y la estabilidad emocional de la persona quedan
subordinadas a los resultados del equipo.
Síntomas
Emocionales y Psicológicos
Anhedonia post-derrota: Incapacidad absoluta para
disfrutar de cualquier otra actividad (comida, sexo, salidas) si el equipo
pierde.
Labilidad afectiva extrema: Pasar de la euforia
desmedida a la depresión profunda en cuestión de 90 minutos.
Obsesión rumiante: Pensar en el equipo las 24 horas
del día, repasando jugadas, errores arbitrales o comentarios de prensa de forma
compulsiva.
👤
Síntomas de Identidad y Conducta
Fusión de identidad: Sentir que si el equipo pierde,
uno como persona es un fracasado. Desaparece el "yo" y solo existe el
"nosotros".
Catastrofismo y hostilidad: Interpretar las derrotas
como una injusticia personal o una conspiración, lo que genera agresividad
verbal o física hacia el entorno (pareja, hijos, rivales).
Pérdida de control de impulsos: Romper objetos del
hogar, gritar desmedidamente o autolesionarse debido a la frustración del
juego.
👥
Síntomas Sociales y Relacionales
Aislamiento y negligencia: Faltar a compromisos
clave (cumpleaños, aniversarios, obligaciones laborales) o descuidar el
rendimiento en el trabajo por ver un partido o por el desánimo de una derrota.
Vínculos condicionados: Incapacidad para
relacionarse con personas que no compartan la misma pasión o que sean del
equipo rival, cayendo en la deshumanización del otro.
CUENTO:
El novio que interrumpió su propia boda por el
Burnley (Inglaterra)
El día de su boda coincidía con un partido crucial
de su equipo para evitar el descenso. El novio aceptó casarse, pero con una
condición: escondió una pequeña radio con auriculares dentro del saco de su
traje.
Durante la recepción, mientras todos bailaban, los
testigos notaron que el novio estaba inusualmente tenso y mirando al vacío. En
el momento en que su equipo metió el gol de la victoria en el minuto 90, el
novio pegó un grito eufórico en medio de la pista de baile, asustando a la
abuela de la novia.
Cuando la esposa descubrió el auricular, en lugar de
divorciarse al instante, estalló en risas. El video del festejo se volvió viral
por lo absurdo de la situación.
EL
MUNDIAL NO ES SÓLO UN JUEGO
Es más que un simple juego. Es una batalla tribal. Un
Mundial habla de identidad, pertenencia, cooperación, rivalidad, orgullo,
esperanza y comunidad. Habla de la necesidad humana de formar parte de
historias compartidas.
Hay
una sincronización emocional. Pocas experiencias
modernas consiguen que millones de personas vivan prácticamente la misma
emoción al mismo tiempo. Un gol en el minuto 90 puede provocar una explosión
simultánea de alegría en ciudades enteras. Una eliminación puede generar un
silencio colectivo difícil de describir.
Durante unas semanas, millones de personas dejan de
sentirse únicamente individuos. Se sienten parte de algo colectivo. Y eso
conecta con algunas de las necesidades psicológicas más profundas que tenemos
como especie.
Cuando un estadio entero canta al unísono, cuando
una ciudad celebra abrazándose con desconocidos o cuando millones de personas
contienen la respiración ante un penalti decisivo, no estamos viendo únicamente
deporte. Estamos viendo a una especie entera haciendo algo que lleva miles de
años intentando hacer. Sentirse parte de una tribu.
ESTRATEGIAS
DE SALIDA
-Regla
del 50%: Gerencia tu tiempo. Limita a
tu equipo al 50% de tu tiempo de ocio, y el otro 50% destínalo para tus
proyectos personales, familia u otros pasatiempos.
-La
técnica del "Muro de los 90 minutos": Comprométete a que lo que sucede en la cancha se
queda en la cancha. Al sonar el pitido final, apaga la radio/televisión y
dedica \(10\) minutos a una actividad relajante para romper la inercia negativa.
-Identifica
los pensamientos catastróficos:
Cuestiona afirmaciones como "Si perdemos, mi semana es un desastre".
Cámbialas por pensamientos neutrales: "Es un deporte, mi vida sigue y
tengo el control de mi propio bienestar".
-Reestructurar
pensamientos conspiranoicos: la
suposición que han conspirado para robarnos el triunfo, no solo es un
pensamiento negativo sin evidencia sino que nos llevara a un sentimiento de
injustica que nos envenena el corazón.
-No
tomarlo personal: Separar los
resultados del equipo, del propio valor como persona.
-Mesurar
los malos modos: El objetivo no es
dejar de ser hincha, sino aprender a disfrutarlo desde un lugar más sano, en
familia, con amigos. Si notas que vives una dependencia destructiva, que te
aleja de tus seres queridos, pide ayuda, antes que afecte gravemente tu vida
diaria.
CIERRE
Y CONCLUSIÓN: EL ORDEN DEL CORAZÓN
Hemos visto el dolor que
causa un apego desmedido y también cómo la alegría de un club puede unir a una
familia.
Desde una perspectiva de fe,
la psicología y la espiritualidad cristiana coinciden en un punto fundamental:
el secreto de la felicidad está en el orden de nuestros afectos.
San Agustín nos recordaba
una verdad universal en sus Confesiones: 'Nos hiciste, Señor, para ti, y
nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti'.
Cuando intentamos llenar ese
vacío infinito con algo finito —como un resultado deportivo, un club o un ídolo
de carne y hueso—, el corazón se desborda, se frustra y enferma. El fútbol es
un deporte maravilloso, un espacio de comunión, fiesta y sana recreación que
Dios nos regala para compartir. Pero nunca puede convertirse en un altar donde
sacrifiquemos nuestra paz mental, la armonía del hogar o el amor a nuestros
seres queridos.
El papa Francisco, gran
apasionado del fútbol, siempre nos recuerda que el deporte debe ser un puente
de encuentro, no un muro de división ni una fuente de amargura. Ser esclavo de
un resultado es olvidarnos de que nuestra verdadera dignidad no depende de si
once jugadores ganan o pierden un domingo.
Nuestra dignidad ya está
asegurada: somos hijos amados de Dios.
Pidamos hoy la gracia de
vivir nuestra pasión con libertad, con alegría y en paz. Aprendamos a disfrutar
del juego sin dejar que el juego nos gobierne. Que al volver a casa o al apagar
la radio, nuestro mayor triunfo sea haber amado bien a quienes tenemos al lado.
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