PROGRAMA 146 –  LUZ DEL ALMA

EMITIDO EL 28 DE MAYO DE 2026

 

Te dejamos aquí el link del audio, dado que lo que se dice en vivo está enriquecido por las experiencias de las conductoras, por los mensajes de los oyentes y los testimonios de los invitados. Escuchalo por YouTube en:

 

 

 

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RESUMEN DEL TEMA:  SINDROME DEL IMPOSTOR

Hoy vamos a hablar de un fenómeno psicológico que afecta hasta al \(70\%\) de la población mundial en algún momento de sus vidas. ¿Alguna vez has sentido que tus logros se deben a la suerte y que, en cualquier momento, alguien va a descubrir que no sos tan bueno como se dice? Ese miedo silencioso tiene nombre: el Síndrome del Impostor.¿Qué es exactamente?

No es un trastorno clínico oficial, sino una trampa cognitiva. Se caracteriza por la incapacidad de internalizar los propios logros y la sensación persistente de ser un "fraude".

 

COMO PIENSA Y SIENTE

¿Cómo se vive con esto? Quienes padecen el síndrome experimentan una montaña rusa de pensamientos destructivos y emociones abrumadoras.  Ansiedad, vulnerabilidad permanente a ser descubierto y el terror a destacar, miedo a ser descubierto porque los demás se pueden dar cuenta de su incompetencia. Miedo a no ser suficiente. Estrés crónico, Bournaut, bloqueo creativo, depresión.

La persona vive engañada respecto de sí misma, tiene una autopercepción distorsionada de sus propios dones y talentos. Por eso cuando nos felicitan creemos que es para quedar bien.

El ciclo del impostor: Cuando se presenta un nuevo proyecto, se experimenta un pico de ansiedad. La persona recurre a la procrastinación o a la sobrepreparación. Al terminar y lograr un éxito, sienten un breve alivio, pero rápidamente lo racionalizan pensando: "Fue pura suerte", "Cualquiera podría hacerlo" o "Me ayudaron demasiado".

La trampa del perfeccionismo: Creen que el valor no está en el resultado, sino en el esfuerzo, por lo que si algo les resulta fácil de hacer, lo desmerecen.

Sobreexigencia compensatoria: es el trabajo excesivo para demostrar lo que ya hemos probado sobradamente, cayendo en una mecánica despiadada con uno mismo. “Te volvés una máquina incesante porque todo lo que hacés crees que es un fiasco y lo rehacés, lo chequeas, lo volves a hacer. Es sentir que uno no merece lo que ha logrado en la vida y que lo logrado se debe a la pura suerte.”(palabras de Marcelo Longobardi”)

Tendencia a compararse con los demás sintiendo que los otros son más capaces o inteligentes  que nosotros como en la distorsión mental que se llama “el truco de los prismáticos”

 

POSIBLES CAUSAS

¿de dónde viene todo esto? Hay múltiples factores. Muchas veces está vinculado a entornos hipercompetitivos o a dinámicas de la infancia donde se buscaba una validación constante que no siempre llegó. Además, la comparación constante magnificada por las redes sociales, donde vemos vidas y carreras aparentemente perfectas, actúa como un potente detonante.

La autoestima es un estuario caudaloso, turbulento, con cambiantes mareas. Así como el Paraná  desemboca en el Río de la Plata…..los ríos que desembocan en la autoestima son la infancia, las realizaciones, la trama de relaciones significativas, pero también los proyectos (individuales y colectivos) que desde el futuro hacen posible el presente.

La autoestima actúa como termostato emocional modulando el impacto de las emociones negativas, evitando que se extiendan al resto de la vida. Actúa como el sistema inmunológico del psiquismo, proporcionándonos resistencia, fortaleza y capacidad de recuperación Se manifiesta a través de los sentimientos, los pensamientos y la acción: influye en nuestras relaciones sociales y proyectos.

Una baja autoestima nos torna vulnerables ante los problemas de la vida. Si no creemos en nosotros mismos, en nuestra eficacia, ni en nuestra capacidad de ser amados, el mundo es un lugar aterrador. Conseguir el éxito sin lograr una autoestima equilibrada es condenarse a sentirse como un  impostor y a sufrir esperando que la verdad salga a la luz.

 

CUENTO:   

"Incluso en la Luna hay impostores"

Para entender que esto no es una cuestión de falta de talento, quiero compartirles una historia real. Hace unos años, se organizó un evento que reunía a grandes mentes del planeta: científicos, artistas, inventores y descubridores. Entre los invitados estaba un escritor famoso, ganador de múltiples premios. A pesar de su éxito, este escritor se sentía completamente fuera de lugar. Se paró al fondo del salón, abrumado por la ansiedad, pensando que en cualquier momento los organizadores notarían que él no tenía el nivel de los demás y lo echarían de allí.

Mientras observaba el show musical, un señor mayor, muy amable, se le acercó y comenzaron a charlar. El anciano miró a la multitud y le confesó en voz baja: "Miro a toda esta gente y pienso: ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? Ellos han hecho cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron".

El escritor se quedó helado, lo miró fijamente y le respondió: "Sí, caballero, pero usted fue el primer hombre en pisar la Luna. Creo que eso cuenta para algo".

El anciano era Neil Armstrong. El escritor que contó esta anécdota en su blog fue Neil Gaiman. Y lo hermoso de este encuentro entre los "dos Neils" es la gran lección que nos deja: si el hombre que logró una de las mayores hazañas de la historia humana miraba sus propios logros y pensaba que "solo había ido a donde lo enviaron", restándose todo el mérito, significa que el Síndrome del Impostor no se cura con más éxito.

No importa si llegas a la Luna, si fundas una empresa o si ganas un premio; esa voz interna siempre intentará convencerte de que fue un golpe de suerte. La diferencia está en aprender a escucharla, sonreír y seguir adelante.

 

RELACIÓN CON LA HUMILDAD REALIDAD Y LA FALSA HUMILDAD

La Humildad Real es objetiva y segura: Una persona genuinamente humilde reconoce sus capacidades sin arrogancia, pero acepta y valida sus logros. Sabe lo que sabe, acepta lo que no sabe (lo que la psicología llama humildad intelectual) y no necesita presumir porque está segura de su valor. El Síndrome del Impostor es una distorsión: Aquí no hay una evaluación realista. La persona minimiza activamente la evidencia real de su éxito. Mientras el humilde dice: "Tuve un buen equipo y trabajamos duro para lograrlo", el "impostor" piensa: "Solo lo logré porque el examen estuvo regalado y los engañé a todos". El primero tiene gratitud; el segundo, terror

El Síndrome del Impostor como detonante de Falsa Humildad: En muchos casos, la falsa humildad es la máscara perfecta que utiliza el Síndrome del Impostor para protegerse.

El mecanismo de defensa: Quien se siente un fraude suele adoptar una postura de falsa humildad de manera inconsciente. Rechaza los cumplidos ("No es para tanto", "Cualquiera lo habría hecho igual") no por hipocresía o para buscar más halagos, sino como un escudo psicológico.

El objetivo oculto: Si convence a los demás de que "no es tan bueno", disminuye las expectativas del entorno. Al bajar la vara de lo que se espera de él, mitiga temporalmente el miedo paralizante a fallar o a ser descubierto. Es un intento de autoprotección mediante el autoabajamiento.

NO DEBEMOS CONFUNDIR CON LA FALSA HUMILDAD MANIPULADORA PROPIA DE LA PERSONALIDAD NARCISISTA QUE ES UN TRASTORNO.

La diferencia clave: El manipulador sabe perfectamente lo bueno que es y busca el aplauso mediante el engaño y la falsa humildad. En cambio el que sufre el Síndrome del Impostor realmente se cree incapaz, sufre por ello de forma silenciosa y el rechazo al reconocimiento nace de una profunda inseguridad, ansiedad crónica y falta de autoconfianza.

ENTONCES NO DISFRACEMOS ESTE SINDROME DE VIRTUD, porque eso nos puede impedir que busquemos la ayuda que necesitamos para desarrollar una autoestima sana.

 

 

ESTRATEGIAS DE SALIDA

¿Cómo podemos empezar a apagar esa voz interna que nos boicotea? Afortunadamente, se puede reprogramar nuestra respuesta emocional y mental con estrategias concretas.

1. Separa los sentimientos de los hechos: Nuestras emociones a veces nos engañan. Cuando sientas que eres un fraude, busca evidencia objetiva. Revisa tus evaluaciones, tus proyectos terminados, los correos de agradecimiento. Los datos reales valen más que tus miedos.

2. Cambia la narrativa sobre el éxito: Comienza a apropiarte de tus victorias. La próxima vez que te feliciten, responde simplemente con un "Gracias, trabajé duro para lograrlo". Deja de atribuir tus méritos a la suerte.

3. Comparte cómo te sientes: Hablar de esto con colegas de confianza o mentores te ayudará a normalizarlo. Te darás cuenta de que incluso las personas más exitosas de tu entorno tienen estos mismos miedos.

4. Abraza la vulnerabilidad y el proceso: Nadie nace sabiendo todo. Acepta que hacer las cosas "suficientemente bien" es mejor que no hacerlas por miedo a la perfección.

 

CIERRE Y CONCLUSIÓN:

¿Con que vara nos vamos a medir? A veces nos medimos en base a la mirada de los otros (sea aplauso o sea crítica) y a veces nos medimos con nuestra propia vara que es impiadosa, que nos sentencia y nos condena. La verdadera salida a nuestro laberinto mental es someter nuestras obras a Dios, que todo nuestro hacer sea para Su gloria y abrazar nuestro recorrido con misericordia y verdad, no es necesario simular. Somos hijos de Dios y tenemos un Padre que nos ama como somos. (Juan 3.1 y Romanos 8)

 

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