MIS MORADAS INTERIORES

El hombre a lo largo de su vida vive diversas experiencias, cambios y crisis, que van dejando heridas. Pero así como tenemos heridas también tenemos una fuerza interior sanadora y ambas conviven.

Hoy queremos hablar de esas fuerzas interiores que todos tenemos dentro y que tenemos que convocar para poder atravesar situaciones adversas, los desiertos que la vida nos propone o las noches oscuras de nuestras almas.

Estas fuerzas no niegan el dolor, sino que nos permiten atravesarlo sin quedar atrapados en él.

Nuestra salud o enfermedad dependen de como nutramos esa interioridad, del poder adentrarnos y entrar en contacto con esas fuerzas interiores que nos ayudan a construir autoconfianza, autoestima, autoaceptación y tolerancia.

¿Cuáles son tus heridas de vida?

¿Qué heridas sentís hoy más activas en tu historia personal? ¿Como te relacionas con ellas?

¿Consideras necesario aceptar tus imperfecciones y errores? ¿Por qué?

 

CUENTO: EL CÁNTARO ROTO (del libro “Nuestra vida emocional” de Guadalupe Butera y Roberto Ré)

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: -“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: -“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.” Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces -“Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente cómo eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

PREGUNTAS

¿Con cual personaje te identificas? Con la jarra rota, con la jarra perfecta o con el aguador?

¿Qué sentimientos se pusieron en juego en esta historia?

¿Qué nutre nuestro sanador interior?

 

MI JARRA ROTA ES EN MANOS DEL ALFARERO

“Dios no desperdicia ninguna pérdida.” (Joel 2.25)

Nada de lo que dolió fue en vano.

Nada de lo que se rompió quedó fuera de Sus manos.

Dios no ignora el tiempo perdido, el cansancio acumulado ni las lágrimas silenciosas.

Él redime, reordena y transforma.

No siempre devuelve las cosas como eran, pero sí devuelve propósito, sentido y vida.

Tal vez hoy te sientes como ese vaso quebrado, pensando que lo mejor ya se fue.

La buena noticia es esta: Jesús vino precisamente por lo que parecía perdido.

Si hoy decides acercarte a Cristo, descubrirás que incluso lo roto

puede volver a ser instrumento en Sus manos.

 

 

NUESTRAS MORADAS INTERIORES (SANTA TERESA)

Santa Teresa dice que tenemos un castillo interior donde habita el Rey y eso dignifica el castillo.

No se trata de un camino mágico ni rápido, sino de un proceso de crecimiento interior sostenido por la gracia

El castillo es el lugar donde resguardarse del asedio de los enemigos.

Adentrarnos en las moradas interiores de nuestro castillo es comenzar un camino de reconstrucción.

La PUERTA hacia la PRIMERA MORADA del castillo es la ORACIÓN, con la intención de entrar en el castillo (Dios toma nuestra intención y la completa).  Aquí debemos aprender a permanecer a pesar de las alimañas.

A veces nos pasa que somos el dueño del castillo pero no entramos, no lo habitamos. Permanecemos entretenidos en el afuera.

Por ejemplo la tecnología es como un chupete que nos mantiene con la atención puesta afuera. Pero afuera también estamos rodeados de alimañas. Esas alimañas pueden ser pensamientos, ideologías, expresiones de otros, nuestras heridas, temores, manías, impaciencias donde permanecemos SORDOS Y MUDOS.

Cuando vivimos hacia afuera, nos volvemos sordos a Dios, a los otros y a nosotros mismos

SEGUNDA MORADA: Aquí comenzamos a gustar de la palabra de Dios, anhelamos conocer mas de Dios y aprendemos a escuchar.

Las alimañas siguen y a veces redoblan sus fuerzas. El desafio es luchar y permanecer. Aquí ya se ha abierto la escucha a la voz de nuestro pastor pero aún permanecemos mudos.

TERCERA MORADA: nuestra vida de fé ya está mas ordenada, con prácticas habituales, servicios y voluntariados.

Feliz el hombre que ha llegado hasta aquí!! Dice Santa Teresa … es de agradecer.

El peligro es confundir fidelidad con autosuficiencia.

La trampa aquí es creer que uno ya llegó y envanecerse de ello. Pero la verdad es que todavía nos falta el desengaño de sutiles máscaras relacionadas con el orgullo, que nos hace pensar que ya nada malo nos puede tocar porque somos muy buenos.

Aquí hay un esfuerzo por ser bueno y recibir la gracia pero el amor todavía no está maduro porque aún esperamos retribución por nuestra actitud bondadosa

CUARTA MORADA:  . Tenemos que aprender a abrazar las crisis sin dudar de Dios, dando nuestro HÁGASE SEÑOR TU VOLUNTAD Y NO LA MÍA.

EN LA 5TA, 6TA Y 7MA MORADA: La persona aprende a entregar su voluntad, fundiéndola con la Divina voluntad y se pone totalmente en las manos de Dios. Como diría Luisa Picarreta en su libro es “Una vida de cielo”

Ya no se vive para uno mismo, sino para amar, servir y reparar junto a Cristo

Es un vínculo de amor con Dios en el que vemos que podemos darle, como podemos repararle de las ofensas. ¡En que puedo ayudar al crucificado?

María y Marta se han unido en mí para servir al Señor.

Aquí es cuando rezamos por la salvación de todas las almas y nuestras acciones contemplan el como apacentar a sus ovejas.

Es una unión íntima a la cual todos estamos llamados. Una vida de oración, con la intención firme de retornar a él en cada momento, recordarlo, él primero previo a cada acción. (ofrecer el alimento antes de comer por ejemplo)

 

COMO NUTRIR NUESTRAS FUERZAS INTERIORES SEGÚN SANTA TERESA?

DIFERENTES DIMENSIONES Y ACTITUDES

DIMENSIÓN VÍNCULO CON NOSOTROS MISMOS:  Aquí Tendremos que auto-observarnos, ver nuestras luces y sombras y ACEPTARLAS en HUMILDAD. O sea andar en VERDAD. Eso significa que no exageraré mis luces ni esconderé mis sombras, autoaceptandome.

La humildad no es despreciarnos, sino vivir en la verdad de lo que somos

DIMENSIÓN DEL VÍNCULO CON LOS OTROS:  Es aprender a dar amor y también a recibirlo. Aceptar al otro como es sin pretender cambiarlo y PERDONANDO misericordiosamente que es la máxima expresión del amor.

DIMENSIÓN VÍNCULO CON LAS COSAS: aquí la clave es el DESAPEGO. Santa Teresa le llama el “deshacimiento” de todo lo creado. O sea de objetos, de personas, y también de objetos mentales como pensamientos, miedos, tristezas, manías, prejuicios etc.

DIMENSIÓN VÍNCULO CON DIOS: Para Sta, Teresa la actitud aquí es “DETERMINADA DETERMINACIÓN” de sostenerme y permanecer en mi vínculo con Dios. Nuestra intención es primordial y el Señor lo completa dándonos la Gracias de poder hacerlo.

CIERRE

“Levántate, levanta tu camilla y anda”Le dice el Señor al paralítico de Betesta…

Es un hacerme cargo de mi historia construyendo mi dignidad en el presente, en el cual las heridas serán cicatrices honrosas de una guerra pasada y atravesada, ya no serán ataduras sino trampolines hacia la posibilidad de aprender, crecer y madurar

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