Te dejamos aquí el link del audio, dado que lo que se dice en vivo está enriquecido por las experiencias de las conductoras, por los mensajes de los oyentes y los testimonios de los invitados. Escuchalo por YouTube en:

https://www.youtube.com/live/RxJuAydH7cw?si=yHts2R8Bg06Fy26V


El hombre a lo largo de su vida vive diversas experiencias, cambios y crisis, que van dejando huellas de dolor. Heridas que quedan abiertas porque no son resueltas. Algunas son heridas de abandono, otras son propias del rechazo, de la humillación, de traiciones o de injusticias.  Y por temor a que estas heridas se repitan nos cerramos las puertas a un montón de buenas oportunidades que podrían ser de bendición para nosotros.

Hay distintos tipos de heridas pero todas se expresarán en todas las áreas de nuestra vida, en nuestro hacer, en nuestro vivir y en nuestro ser.

Pero Nuestras heridas se pueden transformar en medicina tanto para nosotros como para otros.

Tenemos 2 opciones: que nuestras heridas se transformen en un peso que cargamos, en amargura dolorosa que se convierte en veneno tanto para nosotros como también hacia los demás. (vivimos amargados, inconformes, resentidos, enojados).

La otra opción es que nuestras heridas sean escuela de aprendizaje que activen nuestra fuerza interior sanante.

Si aceptamos los momentos de prueba entendiendo que es Dios quien nos está transformando, luego podemos ser maestros de vida para otros enseñando el camino con nuestro testimonio.

 Todos en algún momento nos hemos sentido heridos, por alguna situación o circunstancia, y dependerá del bagaje de herramientas y habilidades internas y externas que tengamos el cómo afrontemos esas situaciones, si en forma adaptativa saliendo fortalecido o no.

Avancemos en este tema a través de este cuento…

CUENTO: EL CUARTO REY MAGO

Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.

Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables, y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.

Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba.

Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados. Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de aquella estrella. Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado.

La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión. Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.

Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que mil estrellas llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro! El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:

“Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre, y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino. ¡Muchas gracias por tantos regalos de amor! Ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa.”

Leyenda popular


      Parábola del tesoro escondido: “El reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Lo descubre un hombre y lo oculta, y alegrándose va y vende todo lo que tiene y lo compra”. (Mateo 13.44)

      El Señor nos llama a participar de su Reino, a ser instrumento de su Divina Voluntad, pero nos indica que para acceder debemos (vender) despojarnos de todas nuestras heridas, ideologías, creencias que nos atan al mundo.., así también de nuestros orgullos, deshacernos de virtudes y defectos… porque todo es suyo, todo en Dios ni nada más importante que Él.

      No quedarnos apegados ni  a nuestras heridas ni a nuestros laureles, todo soltamos por poder decir SI a ese tesoro eterno que se nos ofrece.

 

¿Conoces tus heridas interiores?

¿Como te relacionas con ellas?

¿En que circunstancias sientes que el Señor ha estado presente junto a tí?

¿Qué apegos sientes que deberías soltar para acceder al tesoro escondido?

¿A que reflexiones has llegado a través del cuento y/o de la palabra de Dios?


ESTRATEGIAS PARA EL MANEJO DE LAS HERIDAS INTERIORES

 

-IR AL ESPACIO INTERIOR DE ENCUENTRO DON EL SEÑOR: en el espacio de oración, en el que abrimos nuestro corazón, encontraremos guía, alivio, y la paciencia para sostener un proceso de sanación de nuestros sufrimientos.

 

-PONER EN JUEGO LOS MECANISMOS DE AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL;  las heridas aunque sean del pasado, mueven emociones en nuestro presente que son automáticas y por lo tanto es bueno ejercitarnos en poner el botón de pausa, para darnos tiempo de observar esos sentimientos que nos abordan, aceptando lo que sentimos sin juzgar.

 

-ACTIVAR EL OBSERVADOR INTERNO: ejemplo si actualmente siento un miedo al abandono o a al rechazo darnos cuenta que es una actualización de una vieja herida y preguntarnos esa herida del pasado a partir de que evento ha surgido. ¿?

 

-ACEPTACIÓN: DE MI Y DE COMO FUERON LAS COSAS. La aceptación requiere de un proceso. Para esto quizás se necesite ayuda de modo de poder expresar lo que me pasa, cambiar el enfoque respecto de mi pasado y salir del círculo de víctima.

 

-PERDONARNOS ERRORES E IMPERFECCIONES: SALIR DE LA AUTO-CONDENA

“Levántate, levanta tu camilla y anda”Le dice el Señor al paralítico de Betesta…

Es un hacerme cargo de mi historia construyendo mi dignidad en el presente, en el cual las heridas serán cicatrices honrosas de una guerra pasada y atravesada, ya no serán ataduras sino trampolines hacia la posibilidad de aprender, crecer y madurar.


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